Los vecinos presentaron un petitorio formal ante el intendente Santacroce y la Secretaría de Planeamiento para frenar la apertura de las calles Güemes y Mosconi. Argumentan que la medida afectará la seguridad, incrementará el tránsito de paso y alterará la tranquilidad de su entorno residencial.
Un numeroso grupo de vecinos residentes de la Zona 7 de Funes presentó formalmente un enérgico petitorio dirigido al intendente Santacroce y a la Secretaría de Planeamiento para manifestar su rotundo rechazo a un proyecto oficial. La iniciativa municipal contempla la apertura de las calles Güemes y Mosconi hacia la avenida Bernardo Houssay. El documento, que ingresó bajo el expediente número 105059/2026 y cuenta con una gran cantidad de firmas de frentistas, exige la suspensión inmediata de la planificación tras considerar que no se trata de una mejora urbana.
Los habitantes del sector, delimitado por las arterias Bordabehere, Rosales, Avenida Bernardo Houssay y José Ingenieros, aclararon en su presentación que su postura no busca frenar el crecimiento de la localidad. Según expresaron textualmente en el petitorio, los firmantes no se oponen al desarrollo de la ciudad, sino que se oponen firmemente a la destrucción innecesaria de un barrio residencial. Para los vecinos, habilitar estas arterias de corto recorrido significaría empujar el tránsito de manera forzada hacia el interior de un entorno que jamás fue diseñado para absorber semejante flujo vehicular.
Entre los principales argumentos expuestos por la agrupación vecinal, se destaca que el plan oficial parte de un diagnóstico de conectividad erróneo. Los frentistas sostienen que la fluidez vial de la zona ya se encuentra resuelta a través de arterias consolidadas como la avenida Galindo y la calle Rosales, encargadas de canalizar el tráfico transversal. Por esta razón, consideran que la apertura propuesta resulta redundante y no aporta soluciones estructurales a la movilidad general de la ciudad, beneficiando únicamente el paso de automóviles en detrimento de la calidad de vida de los residentes.
Asimismo, la comunidad denunció que la medida municipal incentivará el uso de las calles internas del barrio como vías alternativas o atajos para el tránsito de paso. Esta situación trasladaría ruidos, contaminación y una creciente inseguridad vial a zonas que actualmente son sumamente pacíficas. Los vecinos alertaron que el incremento en la circulación vehicular devaluará de forma directa la calidad de vida en la zona, amenazando además la conservación del añejo arbolado y las características de los grandes lotes residenciales que definen la identidad histórica de ese sector consolidado.
El reclamo de los frentistas de la Zona 7 va más allá de la simple negativa e interpela directamente las prioridades de inversión pública del Municipio de Funes. En el documento, cuestionan que la infraestructura urbana se piense exclusivamente en función de los automóviles individuales, postergando a otros actores del espacio público. De este modo, sugieren que en lugar de intervenir la trama residencial interna, los recursos económicos públicos se destinen a dotar a las avenidas periféricas ya pavimentadas con veredas seguras y una red de bicisendas que proteja a peatones, ciclistas y deportistas.
Finalmente, los vecinos exigieron de manera formal que el Ejecutivo local comparta y presente con total transparencia los estudios de Impacto Ambiental y de Impacto Vial que justifiquen técnicamente los motivos de esta intervención. Lejos de dar el debate por concluido, los damnificados se pusieron a disposición de las autoridades para integrar una mesa de diálogo y trabajo conjunta. Su propósito final es colaborar activamente en la dinámica vial y participar en la planificación de un nuevo Código de Planeamiento Urbano que proteja la esencia y la tranquilidad de los barrios tradicionales funenses.
