“¿Por qué dejaríamos de enseñar?”

Por Marcela Isaias

“¿Por qué dejaríamos de enseñar?” La pregunta llegó en la voz de la pedagoga Patricia Redondo desde la Carpa Blanca que la docencia santafesina instaló en Rosario. Fue luego de compartir una anécdota familiar en la que la tarea de educar tiene un lugar de privilegio. La cuestión se escuchó como un convite a valorar y a defender las razones por las que se elige la docencia; pero también a pararse firmes ante quienes livianamente desprestigian la profesión. Pagar bajos salarios, tratar de “faltadoras” y “violentas” a las maestras son algunas de esas formas de descalificación.

Antes, al inicio de su charla, había invitado a “conversar” como una forma de resistencia. Se leyó también como la urgencia por recuperar la palabra, la mirada y el encuentro. Un llamado -dijo Redondo- más que necesario “en tiempos de crueldad y de despojo”, “más cuando se demonizan a las organizaciones sociales, sindicales” y todas formas de resistencia. Enseguida recordó que el gobierno de Milei ya desarticuló 50 políticas de cuidado, aquellas que fueron diseñadas como respuestas de justicia social.

Por eso apuntó a poner en la agenda de lo que se debate y discute el vínculo entre “educación y democracia”. “¿Qué democracia queremos?”, ofreció como tarea obligatoria y de construcción colectiva en la que la escuela tiene que estar presente. En ese momento tuvo un especial reconocimiento a las experiencias pedagógicas que incluyen las voces de las infancias como un derecho. Entre esas iniciativas, mencionó La escuela en voz que lleva adelante Amsafé.

A ese pedido de escuchar a las infancias sumó el de “recuperar las categorías como plaza, juego…”, como rescate de “lo común”. Una idea sobre la que se explayó y sintetizó en la exigencia ética de “enseñar Los derechos del niño” a las chicas y los chicos.

Patricia Redondo -doctora en educación y ex directora provincial de Educación Inicial en la provincia de Buenos Aires- marcó con fuerza la necesidad de reconocer a “los niños como sujetos políticos, con derechos”, en su diversidad y por tanto a “no ajustar a las infancias al modelo escolar”. Y fue más allá: “Hay que cuidar a las infancias para saber si tendremos o no un país en el porvenir”. Ese momento del discurso fue uno de los más aplaudidos. El otro, cuando recordó en una cita al pedagogo rosarino Estanislao Antelo.

Redondo puso en la mesa de la charla la relación entre “educación, pobreza, marginalidad y exclusión”. Siguió con el trabajo docente y advirtió sobre “el presentismo que existe en Santa Fe” y que “obliga a las maestras a ir a trabajar aun enfermas” para no perder parte importante de sus ingresos.

Por las palabras de Patricia Redondo también pasaron el recuerdo de Rosita Ziperovich; anécdotas que hacen a la historia de Amsafé y ponen en valor la organización sindical del magisterio; y experiencias pedagógicas como la del Jardín Río Marrón de Granadero Baigorria, que -según señaló- urgen estar en un libro.

Y mientras la Carpa Blanca se preparaba para seguir con más debates, música, las Mil clases y un homenaje al maestro Carlos Fuentealba, la pedagoga llamó a no dimitir, a volver acción el “esperanzar” de Paulo Freire.

“Mi esperanza es necesaria pero no es suficiente. Ella sola no gana la lucha, pero sin ella la lucha flaquea y titubea. Necesitamos la esperanza crítica como el pez necesita el agua incontaminada”, escribió el educador brasileño en su Pedagogía de la esperanza. Valiosa razón para abrazar la docencia en tiempos de crueldad.

FUENTE: Redacción Rosario

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